En la Baja Edad Media (s. XIII al XV),
el cultivo de la vid abarca de los valles pirenaicos a la ribera del Ebro,
aunque la producción no es elevada, debido a la escasa densidad de
población en el medio rural. Había viñas en Anué,
Ezcabarte, Ibilcieta, Araquil, Urraul Alto...
Muchas aldeas y lugares elaboran
vino sólo para su propio consumo. Otros lo venden como granjería
principal. Los monasterios, sobre todo Irache, fueron centros viticultores
y auténticas escuelas de agricultura.
La Ruta Jacobea, que atraviesa diagonalmente
Navarra, estaba franqueada de viñas por ambos lados desde antes de
Pamplona, hasta Viana. En hospitales, albergues y hospederías se comía,
sin que faltase nunca el vino. Sobre este vino navarro se recogen elogios
en numerosas crónicas de peregrinos.
En la Corte de Pamplona y de Navarra
se bebió buen vino. Incluso los monarcas eran propietarios de viñas.
El vino era tinto y vermeyllo o
clarete. También se elaboraba un condimento llamado verjus conseguido
a base de fermentar uva agraz.