Tras el Renacimiento y hasta el siglo
XVIII, Navarra vive una etapa de extensión de la vid e incremento de
la producción, hasta el punto de que se crean graves problemas de excedentes.
Las autoridades tienen que aprobar medidas restrictivas en la importación
de vino foráneo y otras prohibiendo plantar más viña.
Navarra supera largamente el consumo
provincial, enviándose partidas de vino a Castilla y a países
europeos desde el puerto de San Sebastián. Pamplona es un centro vitícola
de gran actividad. Muchos de sus habitantes tenían viñas fuera
del núcleo urbano.
El Ayuntamiento les protegía,
cerrando el paso al vino de la Ribera, de mucha mejor calidad. La producción
de vino estaba atomizada en bodegas de los propios viticultores, que recogían
la uva de sus viñas y la elaboraban particularmente en la bodega de
su casa. Eran los cosecheros.
El vino se consumía en los
hogares y, sobre todo, en tabernas, ventas y posadas.