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Aplicación de los sentidos

 

El siguiente paso será el estudio de los aromas del vino. Es quizá la fase más importante y difícil de la cata. Su detenido análisis nos va a informar sobre la calidad, limpieza, finura, intensidad, persistencia, matiz, crianza y la vinífera que tiene el vino. Nos dirá si estamos ante un vino franco o si, por el contrario, se trata de un vino defectuoso que debe ser rechazado.
Para analizar los aromas analizaremos el vino de la siguiente forma:
1.- Copa en reposo: Muy importante no agitar el vino antes de esta fase (todo a su tiempo). Olfateamos delicadamente la copa a una cierta distancia, acercando de forma progresiva la nariz. Percibiremos así los aromas más volátiles, más etéreos y más frágiles. Obtendremos así la primera impresión que puede ser sustancialmente diferente a la del vino agitado.
2.- Agitando la copa: Aparecen nuevos aromas o nuevas intensidades que son analizados, identificados y descritos. Son compuestos menos volátiles, que requieren una agitación para desprenderse y ser detectados.
Los aromas percibidos pueden ser de tres clases:
a) Los que provienen de la variedad de uva (Aromas Primarios); por ejemplo, los claros aromas que desprenden los moscateles.
b) Los que provienen de la fermentación (Aromas Secundarios).
c) Los que provienen de la crianza (Aromas Terciarios). Oxidación (barrica), reducción (botella).
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